Nota Principal
Niñez y discapacidad: la otra cara de la precarización en el Hospital Garrahan
El Hospital de Pediatría Prof. Dr. Juan P. Garrahan, inaugurado en 1987, es el principal centro público de referencia nacional en atención pediátrica de alta complejidad. Cada año recibe a miles de niños y niñas de todo el país, muchos de ellos con discapacidades o patologías crónicas que requieren tratamientos prolongados y especializados.
En los últimos años, el hospital atraviesa una situación crítica marcada por la caída real del presupuesto, la precarización laboral del personal y la renuncia de profesionales. Aunque los montos asignados al hospital han aumentado nominalmente, al ajustarse por inflación se registra una pérdida de más del 50 % del poder adquisitivo de los fondos, lo que impacta directamente en los servicios y en las condiciones laborales.
En noviembre de 2025, el Gobierno Nacional anunció un aumento salarial del 60 % para parte del personal médico, junto con la aparición de una partida de más de 30.000 millones de pesos detectada por una auditoría interna. Si bien estas medidas fueron presentadas como un esfuerzo de recomposición, generaron nuevas controversias sobre la transparencia del manejo de fondos y la priorización de la inversión.
La situación plantea un interrogante central: ¿cómo afecta esta crisis a los niños y niñas con discapacidad, uno de los grupos más vulnerables que depende del acompañamiento continuo y del trabajo integral de múltiples áreas? Las entrevistas con trabajadores del hospital permiten observar de primera mano cómo se vive esta problemática desde adentro y qué consecuencias tiene para la atención cotidiana.
En este contexto, los becarios cumplen funciones que corresponden a especialistas pero lo hacen sin contrato formal ni derechos laborales, lo que evidencia un nivel profundo de precarización. Al mismo tiempo, el hospital experimentó un vaciamiento sostenido, con la salida de cientos de trabajadores en el último año y medio.
El presente informe busca analizar la situación actual del Garrahan a partir de cinco ejes: la evolución del presupuesto y los recursos disponibles; los reclamos de los gremios; el papel del Estado frente a la crisis; el impacto en trabajadores y familias; y la profundización de la precarización laboral.
Situación actual: presupuesto y recursos en 2025
La situación presupuestaria del Hospital Garrahan en 2025 estuvo atravesada por la prórroga del presupuesto sin actualización por inflación, lo que en la práctica dejó al hospital funcionando con recursos que quedaron rápidamente desfasados. Esto obligó a ajustar gastos y estirar al máximo los insumos, afectando el día a día de una institución que trabaja con casos pediátricos de alta complejidad.
Si bien el aumento salarial retroactivo anunciado por el Gobierno supuso un alivio parcial para algunos sectores del personal, su alcance fue limitado. Los gremios y especialistas advierten que el incremento del 60 % no compensó la pérdida acumulada durante el año ni alcanzó a todos los trabajadores, dejando fuera a administrativos, técnicos y parte del personal asistencial.
Al mismo tiempo, la auditoría interna reveló inversiones millonarias destinadas a equipamiento y obras de infraestructura. "La auditoría detectó más de 30.000 millones de pesos asignados a partidas que no coincidían con su destino original", señaló una fuente del equipo auditor en diálogo con Página 12.
Aunque estas adquisiciones fortalecen áreas tecnológicas, reabren el debate sobre la desigual distribución de fondos al considerarse irregularidades que afectan la planificación y profundizan los desequilibrios internos del hospital.
La pérdida de profesionales especializados o de insumos ambulatorios afecta la capacidad del hospital para brindar una atención integral. "El hospital intenta recortar en todo lo que puede. La gente no puede tomarse vacaciones y muchos se están yendo", afirma Bova, evidenciando el impacto directo del ajuste en la disponibilidad de recursos humanos .
El reclamo de los gremios
Los gremios del Garrahan, especialmente APyT y ATE, sostienen desde hace meses que la crisis laboral continúa a pesar de los anuncios oficiales. Sus reclamos apuntan a la falta de personal, la sobrecarga en las guardias y la ausencia de un convenio colectivo propio que refleje la complejidad del hospital y las condiciones específicas de la atención pediátrica de alta especialización.
"Esto no resuelve todo, estamos afrontando descuentos salvajes al personal médico. Vamos a luchar por el pase a planta de todos los contratados y por mejores condiciones laborales para todos los empleados del hospital", declaró el representante del gremio ATE. Para las asociaciones gremiales el aumento salarial no solo fue insuficiente, sino también parcial. Sectores completos, como el personal administrativo, técnico y muchos trabajadores precarizados, quedaron fuera del incremento.
El reclamo más persistente es contra la precarización estructural: cientos de profesionales trabajan bajo becas sin obra social, aguinaldo ni aportes jubilatorios. "El gobierno hace creer que las condiciones son buenas, pero con las becas no tenés obra social ni derivan aportes" advierte Mansilla, un residente de tercer año.
Otro punto clave es el vaciamiento de áreas sensibles. La salida de más de 200 profesionales en un año y medio generó una sobrecarga laboral en el personal médico para cubrir guardias, mantener la supervisión clínica y sostener equipos interdisciplinarios. Los gremios sostienen que esta pérdida es irreversible si no se implementa un plan urgente de recomposición salarial y regularización laboral.
Finalmente, las organizaciones gremiales advierten que la inversión en equipamiento no puede reemplazar al personal especializado. La compra de tecnología, sin políticas de retención, se vuelve insuficiente frente a una realidad que requiere más profesionales formados, con estabilidad y condiciones dignas para sostener la excelencia del hospital.
El rol del Estado: entre comunicados y ajustes presupuestarios
El Estado nacional y la Agencia Nacional de Discapacidad emitieron comunicados reconociendo la situación crítica del Garrahan, pero no anunciaron medidas estructurales que respondan a las necesidades de largo plazo. Los aumentos salariales y la compra de maquinaria fueron presentados como avances, pero no abordan la pérdida de personal ni la caída real del presupuesto.
El incremento nominal del presupuesto de salud contrasta con la caída real del 54 %. Este ajuste se traduce en menos recursos para reemplazos, compras de insumos ambulatorios y contratación de profesionales especializados, afectando la atención diaria de manera parcial.
La auditoría que reveló los 30.000 millones de pesos generó preguntas sobre el manejo de fondos y la priorización de la inversión. Si bien el equipamiento es necesario, muchos trabajadores consideran que la falta de recursos humanos es el principal problema. "Castigarnos es una forma de disciplinar al resto de la sociedad", sostiene Bova (Ex jefe de residentes en el Garrahan) al referirse a los recortes en personal y remuneraciones .
Para especialistas y gremios, la crisis no se resolverá con medidas aisladas. Requiere un proyecto de país que incluya a la salud pública como prioridad. En palabras de Bova: "Hablar de salud pública de calidad es hablar de un proyecto político que privilegie la atención de calidad" .
El desafío del Estado es definir qué modelo de hospital quiere sostener: uno basado en tecnología sin personal suficiente, o uno que combine recursos humanos y equipamiento para ofrecer una atención integral y de excelencia.
Voces desde adentro: el impacto en trabajadores y familias
Tanto residentes como becarios y médicos de planta señalan que la sobrecarga laboral, los bajos salarios y la falta de personal afectan la calidad de la atención.
Bova describe un escenario donde la vocación choca con la realidad económica: "Tengo tres laburos… pero llega un momento en que te preguntás si vas a sufrir toda tu vida por tu elección profesional" . Este desgaste se traduce en cansancio, estrés y menor disponibilidad para acompañar a las familias.
Mansilla, residente de tercer año, destaca que muchos tratamientos prolongados requieren continuidad afectiva y clínica, algo que se dificulta cuando los profesionales rotan o renuncian. "El recurso médico es el que no se recupera nunca más. Esa persona formada no existe" . En pacientes con discapacidad, esta pérdida se vuelve especialmente grave.
Las familias notan los cambios: más demoras, menos turnos disponibles, interrupciones en tratamientos y mayor burocracia para acceder a medicamentos ambulatorios. Aunque valoran la dedicación del personal, reconocen que el sistema no responde con la misma eficiencia que años atrás.
La falta de insumos de bajo costo como cremas analgésicas, vitaminas, materiales básicos para terapias, afecta especialmente a pacientes que requieren tratamientos prolongados. "Antes había recursos para libre demanda, ahora cada vez hay menos", señala Mansilla.
El deterioro emocional también atraviesa al personal. Muchos trabajadores expresan frustración ante un contexto que limita su capacidad de brindar la atención que desean. A pesar de ello, la mayoría continúa sosteniendo el funcionamiento del hospital gracias a su compromiso con la salud pública.
Precarización laboral: qué es y cómo se manifiesta
La precarización laboral se consolidó como parte estructural del funcionamiento del Garrahan. Se manifiesta en la coexistencia de diferentes modalidades de contratación del personal que generan desigualdad interna y vulnerabilidad para cientos de profesionales.
Bajo el modelo de becas, trabajadores altamente capacitados realizan tareas propias de especialistas sin derechos laborales. "No tengo protección ni derecho laboral alguno", explica Bova, quien trabaja en condición de becario a pesar de su formación y experiencia .
A esta situación se suma la sobrecarga horaria. Los residentes trabajan 70 horas semanales y perciben salarios muy por debajo de los estándares del sector privado. "Cobro tres mil pesos la hora y hago 48 horas de guardia para llegar a fin de mes", afirma Mansilla, evidenciando una precarización que compromete su calidad de vida y la atención que brindan .
La falta de estabilidad laboral también impide construir proyectos personales. Muchos profesionales deben tomar múltiples empleos para sostenerse económicamente, lo que genera cansancio crónico, estrés y dificultades para conciliar la vida personal con la vocación.
Finalmente, la precarización repercute, parcialmente, en la calidad de atención. La pérdida de profesionales formados debilita equipos interdisciplinarios y compromete la continuidad de tratamientos largos, especialmente en pacientes con discapacidad, que requieren seguimiento constante y estable.
